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Evangelista Soza

5 años tenía Evangelista cuando aprendió a tejer. Se sentaba todos los días con su madre en la alfombra de su casa y le seguía el ritmo. Y así por el resto de su vida. Su madre falleció y ella siguió con la tradición. A Evangelista la acompañó una de sus hijas, la única que piensa seguir con la tradición. Hoy dice estar cansada, pero ni el dolor de espalda le quita esa permanente sonrisa de poquitos dientes que expuso en su máxima expresión cuando aprendió lo que era una "selfie"...

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